Bienvenidos a Ruanda
- 10 oct 2016
- 4 min de lectura

Atrás quedó Uganda, con un recuerdo imborrable dentro nuestro.
Entramos por Cyanika y tras una breve y rápida gestión estamos en Ruanda. Tenemos los nervios típicos de cuando llegas a un país por primera vez, y más si lo haces por tierra. Pronto nos abordan un par de jóvenes gritando desde un bus el nombre de Musanze. Es nuestro próximo destino.

Es una ciudad en cuya estación de autobuses hay un “cierto” orden. Matatus a un lado y minibuses express a otro y gente por todos lados tratando de ayudarte con el equipaje a cambio de unas monedas. Cuando llegamos a nuestro hotel, hoy tampoco hay luz así que rápidamente dejamos las mochilas y nos vamos a dar una vuelta. Nos llama la atención la presencia de farolas y aceras!! Hacía bastante que no veíamos ninguna de estas dos cosas.
Después de andar una media hora, llegamos a la Fundación Diann Fossey. Muchos la conocemos por la película Gorilas en la Niebla. Fue una zoóloga que vivió por y para los Gorilas de Montaña hasta que fue asesinada en la cabaña donde vivía presumiblemente a mano de unos cazadores furtivos, y es que estamos en la entrada al Parc du Volcanoes, una de las zonas junto con Virunga (Congo) y Bwindi (Uganda), que ya visitamos, donde poder contemplar a esta especie única en el mundo y de la que solo quedan unos pocos centenares de ejemplares.


Pronto dejamos Musanze y vamos a Gisenyi. El camino, como de costumbre, es corto en kilómetros pero largo y pesado en tiempo. Gisenyi es una ciudad a la orilla del Lago Kivu que hace de frontera natural con la República Democrática del Congo (RDC). Incluso tienen playa donde pasar en remojo las calurosas horas del día. Además, posee una fábrica de cervezas donde producen varias marcas como Primus o Mutzig, que por supuesto hemos probado varias veces para asegurarnos que estén buenas.
También es un pueblo de contrastes. En la calle principal se encuentra la mezquita donde el Mu'adhdhin llama cinco veces al día a sus devotos al rezo. El tráfico es intenso y los bodas se disputan a los clientes con peligrosas maniobras. Alejándonos un poco de esta calle hacia el Lago, es posible ver la zona más pudiente de la pequeña ciudad, donde los adinerados vecinos tienen sus casas blindadas por enormes muros y agentes armados en las puertas.

En la misma frontera con la RDC es posible ver el gran volcán del Nyirangongo. Esta frontera es una auténtica locura de motos, coches y camiones, y como no, gente andando cargando en sus cabezas todo tipo de equipajes (bolsas, cajas, maderas, armarios y todo lo que se os pueda ocurrir).



Han sido días intensos en Gisenyi, conociendo muy de cerca la historia de Nyio, un joven ruandés de 16 años cuyos padres murieron y que vive en una muy humilde vivienda con su abuela. Las ganas de dejar todo atrás y buscar otra vida nos ha conmocionado y dejado muy tocados. Lo fácil que podría ser y no es cambiar la vida de alguien o dar la oportunidad de salir de una vida de pobreza y miseria es realmente sorprendente.

Con el corazón partido, nos desplazamos hasta Kigali, la capital. Tenemos muchas ganas de conocer esta ciudad. Es una capital bonita, situada en una zona de verdes montes, también conocida como la Tierra de las Mil Colinas. Nos quedamos en el Saint Paul Centre, un hospedaje situado en el centro de la ciudad desde el que se divisan las casas de la parte baja.

Es extraña la sensación que tenemos. En el año 1994, tuvo lugar el genocidio en el que la población Hutu exterminó aproximadamente a un millón de Tutsis a machetazos en solo 100 días. Se decía en Cómo organizar un genocidio, de Jon Sistiaga, que "Cuando una parte de la población es capaz de asesinar a machetazos al 70 % de la otra parte de la población tiene que haber mucho asesino por las calles". Me siento mal por mirar a los ojos de la gente de mi edad y pensar en qué lado estaban o de qué manera participaron en el horror, de si mataron o si fueron víctimas.
La visita al Memorial del Genocidio no nos ha dejado indiferentes. Dividido en varias salas, explica cómo todo fue organizado para hacer una limpieza étnica de los tutsis, considerados como ratas por parte de los hutus. Realmente impactante.


A pesar de todo, se respira ganas de olvidar el terror de aquel absurdo genocidio que tantas huellas ha dejado, no solo físicas, las cuales son evidentes en la población. Nos han llamado la atención testimonios de tutsis que sufrieron la pérdida de varios familiares cuando hablaban de perdón. Además, el gobierno estableció un programa en 2002 (Gacaca Courts) para tratar de reconciliar a los asesinos con las víctimas y enterrar para siempre el odio y el horror que una vez más, se repitió en la historia.
Cuando organizábamos la ruta, la mayoría de la gente se extrañaba al decirles que veníamos a Ruanda, no es un país con muy buena fama. Una vez visitado, decir que nos ha sorprendido la amabilidad y atención que hemos recibido en este bello país. La gente nos saluda con un efusivo "Welcome to Rwanda". Y queremos remarcar también, que no hemos tenido en ningún momento sensación de inseguridad, más bien lo contrario. Ha sido corto pero intenso y nos hubiera gustado poder alargar el tiempo para seguir disfrutando Ruanda!

Comentarios